Left-Handed Girl o La chica zurda, es el debut en solitario como directora de Shih-Ching Tsou, que cuenta la historia de una familia de tres mujeres en Taipéi. Disponible en Netflix.
Quizás ya les suene el nombre de Tsou de algún lugar. Dos décadas atrás, co-dirigió lo que fue el segundo largometraje del norteamericano Sean Baker, Take Out (2004). Película de un realismo crudo muy cercana al modo documental observacional. En ese entonces, la dupla de cineastas construyeron una ficción que narraba la vida de un jóven repartidor de comida chino en Nueva York, que intentaba saldar sus deudas pedaleando de más y a contrarreloj.
Tres generaciones de mujeres
La historia de Left-Handed Girl se centra en una familia de tres mujeres de distintas generaciones: la mayor, Shu-Fen (Janel Tsai), quien es la madre de las otras dos; I-Ann (Shih-Yuan Ma), la hija mayor, que trabaja en un local de venta de nueces de betel; e I-Jing (Nina Ye), la menor y la chica zurda del título. Las tres llegan desde el interior de la isla de Taiwán hasta su capital Taipéi, para encontrar mejor vida. Allí, la madre comienza a alquilar un puesto de comida en el mercado callejero de la ciudad, mientras se hospedan en un pequeño departamento y visitan a sus padres/abuelos.
Los problemas poco a poco salen a flote: Shu-Fen accede a endeudarse para pagar el tratamiento médico de su ex-marido, del cual nunca recibió la manutención; I-Ann se ve involucrada sentimentalmente con su jefe; y la chica zurda se ve inquietada ante los dichos de su abuelito, quien de forma severa le comenta que la mano izquierda es la mano del diablo. Frente a este descubrimiento, I-Jing comienza a sentirse angustiada y a utilizar su mano siniestra para cometer hurtos en pequeñas tiendas del centro.

Su vínculo con Sean Baker
No pasará demasiado tiempo de metraje para hacerse notar que estamos ante un film emparentado estética y temáticamente con los de Sean Baker. El estadounidense es productor, editor y co-guionista de La chica zurda. El brillo habitual de las luces de ciudad y de los barrios bajos, que habíamos visto en Anora (2024) o Tangerine (2015), aquí vuelve. También lo hace la comedia y el ritmo frenético que alivianan el drama y la tragedia que se están exponiendo, alejándonos de los golpes bajos.
Tres hilos conductores son los que articulan la película y el montaje de Baker la hace avanzar vertiginosamente. La mirada de Tsou está anclada en un Iphone, misma tecnología que utilizó Baker para Tangerine, salvo que ahora en formato 4k. Ese pequeño dispositivo es el que permite darle más espacio y movilidad a la cineasta taiwanesa para moverse por las calles del mercado nocturno que la pequeña I-Jing recorre como un parque de diversiones. Los planos de estas secuencias se encuentran a la altura de los ojos de la chica zurda, y recuerdan a los de la traviesa Moonee en The Florida Project (2017)

La embajadora de Taiwán para los Óscar
Más allá de la dificultad para dar un cierre en sus últimas secuencias (con un tanto atropellado y revelador clímax), La chica zurda es un gran estreno, que pasará algo desapercibido por ahora en Netflix, pero que tendrá su oportunidad de ser seleccionado a la categoría de mejor película internacional en la 98.ª edición de los Premios Oscar 2026.
El debut de Tsou es prometedor. La chica zurda funciona muy bien como un drama realista que retrata la vida cotidiana de tres mujeres con preocupaciones muy distintas, aunque afectadas por la crisis económica de la misma forma. También tiene bastante de lúdico, cuando se centra en I-Jing y su mini comedia de enredos. Por otro lado, el colorido paisaje callejero de Taipei es filmado con exquisita soltura, como lo hacía a su modo Wong Kar-Wai con Hong Kong. Lo más relevante del film es su habilidad para abordar problemas más cercanos a la clase trabajadora y para desenmascarar las raíces machistas de la sociedad taiwanesa.

