La nueva y ansiada película de Guillermo del Toro para Netflix es una adaptación más fiel de la novela de Mary Shelley, pero con las ideas filosóficas que propone bastante masticadas de antemano
Se trata del treceavo largometraje del realizador, quien recientemente ya había incursionado en el cine de plataformas con “Pinoccho”, una ambiciosa obra stop-motion, también para Netflix. Como era de esperar, muchos de los elementos estilísticos y temáticos (la monstruosidad es algo que ha tratado casi siempre) presentes en su filmografía, se repiten en “Frankenstein”. Pero está vez, tomando mucho más del estilo gótico del material original.
Otra aproximación a Mary Shelley
El film comienza de forma similar al libro, pero diferente a la mayoría de las adaptaciones: con un viaje en barco por el polo norte. Allí, un grupo de exploradores intenta descubrir nuevas rutas, pero se topan con el doctor Víctor Frankenstein (Oscar Isaac) y su abominable creación (Jacob Elordi) andando en trineo. Luego de unos enfrentamientos violentos, Víctor cuenta al capitán (Lara Mikkelsen) como llegó hasta esta situación.
La película recae en este esquema de subnarradores. Primero, la historia del científico, un muchacho que de joven vivió una relación desafectuosa con su severo padre, y obsesionado con llevar lo humano a nuevos límites, desarrolló junto a la ayuda de un mecenas (Christoph Waltz) su nuevo invento cargado de vida. En segundo lugar, quien cuenta su versión es el propio monstruo, ya con las facultades del habla bien desarrolladas.

Gore y romanticismo
La película parece mantener dos tonos que nunca llegan a un acuerdo armonioso: por un lado, el terror más gore, que irrumpe en algunas escenas de violencia extrema que involucran desmembramientos de cadáveres, animales despellejados y marineros volando por los aires. Por otro lado, uno más humanista y de pulso melodramático, con actuaciones desbordantes y una escenografía, vestuario y maquillaje exquisitas, propias de la época y clase social que se retrata.
La combinación de estos dos elementos puede resultar un tanto fría. El presupuesto incalculable le permitió a del Toro darse todos los lujos, pero las mágicas locaciones y la excelsa banda sonora de Alexandre Desplat no pueden acarrear todo el tiempo a la excesiva duración del metraje, su fotografía apagada y la superficialidad de su guion.
Un monstruo de Frankenstein bello y humano
Desde las producciones de la Hammer que un film sobre el monstruo de Frankenstein no se hacía esperar tanto. Y es que además de su presupuesto, contiene un gran reparto, que además incluye a Mia Goth como Elizabeth, el interés romántico tanto de Víctor como de su creación.

Los actores, en concordancia con lo antes mencionado, también parecen manejar dos tonos distintos. El Víctor Frankenstein de Oscar Isaac se hace un personaje odioso, y eso responde a un subrayado evidente del guión que tiende a dejarlo como el verdadero monstruo. Víctor es una personalidad neurótica, egoísta, tiene ataques de ira y comete actos de violencia algo incoherentes para su supuesta capacidad intelectual.
Mucho más idealizados se encuentran los personajes que interpretan Mia Goth y Jacob Elordi. Sus acciones, interacciones y diálogos responden a una mirada más romántica y humanista de la historia que se está contando. Quizás pueda resultar polémico que la criatura sea un humano atlético y de buen semblante (a diferencia de la fealdad con la que asociamos al bicho desde sus adaptaciones de la Hammer) pero la expresividad de Elordi al conmoverse por las cosas más simples, como el aleteo de una mariposa, nos termina comprando. Quizás esta parte del relato sea la que más valga la pena ver
