
Luego del liviano romance retro-setentero de “Licorice Pizza”, Paul Thomas Anderson regresa para contar una de sus historias más épicas, en un tono accesible y amalgamando thriller de acción con comedia negra.
Considerando lo que ha hecho en las últimas cuatro décadas, podemos reconocer en Paul Thomas Anderson a uno de los grandes exponentes contemporáneos del cine norteamericano. Su filmografía no es vasta, pero basta con diez títulos (un número similar al que maneja su compatriota Quentin Tarantino) para hallar un abanico diverso de historias que van desde las más mínimas (como la bellísima Punch-Drunk Love) hasta las más grandilocuentes (Petróleo sangriento) y corales (Magnolia, Boogie Nights).
En “Una batalla tras otra”, PTA deja de lado los dramas psicológicos para introducirse de lleno en un cine más lúdico: el del thriller y la acción, con su presupuesto más caro hasta la fecha y sin por eso dejar de lado su mirada personal y su ritmo no-convencional dentro de la industria hollywoodense. Vuelve también a apostar por un autor literario con el que tiene una fijación, Thomas Pynchon, esta vez adaptando de forma muy libre su novela “Vineland”.

Opresión y revolución en la frontera
La historia de “Una batalla tras otra” sigue al grupo revolucionario French 75, compuesto por guerrilleros que se autodefinen como antifascistas y antiimperialistas, comandados por la vigorosa y sensual Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor). El fin de esta agrupación es luchar contra el Estado opresor de los Estados Unidos, en un tiempo que parece anclado en el presente pero que siempre se encuentra indeterminado. Las referencias a las políticas anti inmigratorias de Donald Trump y su militarización en la frontera con México son claras
El tono satírico del relato queda establecido en el primer encuentro que Perfidia tiene con el coronel Steven J. Lockjaw (un caricaturesco pero formidable Sean Penn), a cargo de un centro de detención de inmigrantes ilegales en un paso fronterizo. En dicha escena, la mujer asaltará y humillará sexualmente al militar, quien sentirá a la vez repulsión (debido a que es un supremacista blanco y su asaltante una mujer negra) y deseo del más salaz.

Esperen, ¿y DiCaprio? Él interpreta a Bob Ferguson, pareja de Perfidia, cabeza importante dentro de los French 75. Entre cada operativo, los enamorados aprovechan el tiempo para vivir un romance a pleno. Hasta que un día algo “male sal” y la agrupación deberá tomar distintos rumbos y dedicarse a la resistencia
Drama familiar de padre e hija
16 años después de aquellos hechos es el tiempo en el que transcurre el resto y mayor parte del relato. Bob Ferguson y su hija Willa (la debutante en cine Chase Infinity) viven en otro estado. DiCaprio está hecho todo un porrero y se la pasa el día echado en el sillón. Ya no está atrapado en esa infinita cadena de adrenalina que llevaba por estilo de vida su amada Perfidia, pero rápidamente se encontrará envuelto en otra situación similar. Resulta que a el mismísimo Lockjaw le han informado del paradero del ex revolucionario Bob y le han encomendado atraparlo a él y a los que aún quedan de la guerrilla.
Por su parte, el personaje de Sean Penn se ve aún más incentivado por esta misión ya que le otorgaría un lugar de privilegio en una secta supremacista llamada “los Aventureros de la Navidad”

Anderson ya nos ha contado historias de padres e hijos no necesariamente biológicos, en películas como “Sidney”, “The Master” y la ya mencionada “Boogie Nights”. En “Una batalla tras otra” le toca el turno de padre, hija y una madre ausente que habla o más bien llega a su primogénita a través de comentarios de terceros. Bob se mostrará como un buen padre que no logra conectar del todo con su pequeña; Willa, una adolescente que ya está un poco harta de su crianza “hippie” y que quiere hacer su camino.
Thriller del más alto nivel y una persecución incesante
Cuando las cosas se empiecen a descontrolar, aparecerá poco a poco en escena la nueva “familia” que rodea a Bob y Willa en aquel pueblo, con el Sensei Sergio (Benicio del Toro) a la cabeza (personaje simpatiquísimo). También harán su aparición unos cuantos villanos y perseguidores más. Idas y vueltas harán que Willa y Bob se busquen y nunca lleguen a encontrarse. Una persecución que mantendrá al público en vilo durante toda la proyección. La maestría de los travellings de PTA hará lo suyo, la música histérica de Johnny Greenwood también.
El momento más destacado es el que tiene por protagonista a una ruta de asfalto en el desierto, y tres autos que intentan alcanzarse y escaparse mientras suben y bajan como en una atracción del Parque de la Costa. Hay un grandioso manejo del montaje paralelo, del fuera de campo y de la variación de la escala de los planos.

Anderson lleva y trae al público por donde él quiere, durante dos horas y media que se pasan volando. Tiene grandes momentos de humor: frases dichas por Lockjaw que harán reír en voz alta a más de uno en la sala; toda una secuencia dedicada a una contraseña en clave revolucionaria que DiCaprio no puede recordar por estar demasiado fumado. “Una batalla tras otra” no solo tiene cosas interesantes para decir sobre el devenir de la sociedad norteamericana, sino que gran parte del metraje hace regresar al cine a uno de sus lugares primigenios: el cinematógrafo como espectáculo de feria, calesita o montaña rusa de emociones.